El Rincón del Turista

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José Miguel Balcera Barrero

martes, 5 de mayo de 2015

HISTORIA SOBRE LAS CALLES DEL CENTRO DE SEVILLA: LA CAMPANA, CALLE SIERPES Y CALLE FERIA

LA CAMPANA

Su nombre evoca a dulce y a incienso. Sus aceras son testigos mudos de encuentros, tropezones, prisas y esperas que se eternizan. Epicentro oficioso de Sevilla, la plaza de La Campana es el mayor escaparate al que asomarse para ver y ser visto. Un espacio solemne al que entrar silente y con paso racheado o en rumor de algarabía con el izquierdo por delante. Pero ¿de dónde le viene el nombre al punto cero de la ciudad?

Diversos autores, entre los que destaca la teoría de González de León, explican que «desde muy antiguo estaba en el enclave de la actual plaza el almacén donde el Ayuntamiento custodiaba todos los pertrechos para apagar y cortar los incendios públicos, en cuyo espacio estaba colocada una campana que era la que se tocaba en los casos de urgencia para convocar al pueblo y a los operarios para dar pronto auxilio y que, de esta campana, la calle tomó su nombre».

«El lugar más público de Sevilla», que diría el escritor Cristóbal de Chaves en el siglo XVI. Al menos desde el s. XVIII La Campana ha sido uno de los enclaves más importantes de la ciudad como centro comercial y recreativo de Sevilla, pues enlaza la calle Sierpes con la zona de la Alameda de Hércules, uno de dos ejes, sobre todo a lo largo del XIX y principios del XX, de la diversión y del comercio.

La abundancia de bares, cafés y establecimientos variados, así como el permanente trasiego de público le han otorgado el calificativo de «Puerta del Sol» sevillana, como dejó escrito el viajero francés decimonónico Antaine de Latour. Otros la han llamado metafóricamente el «corazón de Sevilla». Semejantes calificaciones están avaladas por la riqueza de datos que la documentación histórica arroja sobre este lugar. Ya en el s. XVIII había buñolerías y puestos de venta ambulante, que se intensifican en la centuria siguiente, la época de los grandes establecimientos, como el famoso café de la Campana o de Bordallo y la Cervecería Inglesa.

Pero el esplendor de La Campana como zona recreativa ha dado paso a una eminente actividad comercial. A ello ha contribuido poderosamente la desaparición de establecimientos de mucha solera, como el café Novedades, París o el Pasaje Eritaña, en los años 20.

Dada su condición de espacio noble, fue al menos desde el s. XVII paso obligado de procesiones religiosas y cívicas, desfiles militares, cabalgatas, manifestaciones y fiestas carnavalescas. Ese carácter no lo ha perdido del todo, aunque se ha visto sustituida, para ese fin, por otros enclaves urbanos. No obstante, sigue siendo el punto en el que comienza la llamada «carrera oficial», del desfile de cofradías de Semana Santa, para lo cual se instalan en esos días palcos y sillas.

CALLE SIERPES

Leyendas infantiles o caprichosa planimetría. El origen del nombre de la calle Sierpes baila entre diferentes teorías, todas protagonizadas por un animal: la serpiente. Llamada Espaderos, el siglo XV trajo consigo el cambio de nomenclatura a la calle más transitada de Sevilla.

El primer nombre conocido que tuvo la calle fue el de Espaderos, así bautizada desde la reconquista cristiana de la ciudad por el rey Fernando III de Castilla (San Fernando) en 1248. Esta nomenclatura le vendrá posiblemente por la existencia de un hospital y hermandad que construían espadas, o tal vez y simplemente por la abundancia de establecimientos que existían de este tipo.

Calle Sierpes en la antigüedadNo obstante, años después, desde el siglo XV y por motivos inciertos, la calle fue rebautizada puede que, en un principio, con el nombre de calle de la Sierpe, y más tarde hasta la actualidad con el nombre de calle Sierpes. Hay quien justifica el nombre a su planimetría sinuosa.

Existen diversas hipótesis e incluso leyendas que tratan de explicar su nombre; desde que es debido a su serpenteante forma, hasta narraciones complejas que se antojan cuentos infantiles. Lo cierto es que algunos historiadores consideran que proviene de la Cruz de la Cerrajería (ubicada hoy día en la Plaza de Santa Cruz, e instalada hasta 1840 en la confluencia de Sierpes con la calle Rioja), ya que en otro tiempo y según la obra «El Cicerone de Sevilla» de Alejandro Guichot, pudo ser conocida como la Cruz de las Sierpes, o serpientes.

Pero también se dice que proviene de un supuesto caballero llamado Don Álvaro Gil de las Sierpes, siendo en un principio el ilustre escritor Luis Montoto quien lo atribuye, alegando que este caballero tenía su residencia en esta calle. El nombre podría simplemente provenir de alguna leyenda, como la que rondaba en aquellos años en la que se explica cómo una serpiente enorme que habitaba sus alcantarillas era la devoradora de muchos niños que comenzaron a desaparecer, y que aunque en un principio las culpas se dirigían a los judíos y sus prácticas sacrílegas.

Al parecer, cierto día un esclavo que ansiaba la libertad dijo que conocía la causa de tantas desapariciones, condicionando que sólo lo diría si a cambio le concedían el indulto, cosa que se le prometió, por lo que entonces les condujo a una alcantarilla cercana a la Cárcel Real donde mostró los restos de una inmensa serpiente muerta rodeada de cuerpos y esqueletos infantiles.

CALLE FERIA

Apenas once minutos se necesitan para completar los 900 metros que hacen de la calle Feria una de las más largas del Casco Antiguo. Dicho tiempo, como siempre relativo, aumentará considerablemente de transitarla un jueves, cuando esta vía se llena de puestos como es tradicional desde el siglo XIII. El mercadillo, otrora feria de viandas, ascendió al nomenclator para denominar a una de las calles más macarenas.

Laneros, Cano Quebrado, Hurones, Lencería… Los nombres primitivos de la que es hoy la calle Feria han sido tantos como las actividades comerciales que en ella se han desarrollado. Eminentemente mercantil, esta importante vía acoge un importante mercadillo que data del 18 de marzo de 1254, cuando Fernando III de Castilla concedió dicha feria a la ciudad. Conocido popularmente como el Jueves, es el más antiguo de cuantos se celebran Sevilla.

Detalle de la calle FeriaLimitando al sur por la calle María de la Purísima y al norte con Resolana, la calle Feria vertebra el barrio de la Macarena. En su primer tramo, entre el callejón de Menjíbar y la plaza de Monte Sión la calle es estrecha e irregular, producto de los inconclusos proyectos de alineación; la segunda parte, la que desemboca en Resolana, es recta y ancha, guardando esta última cualidad desde siglos pasados, lo que denota el tránsito comercial que albergaba.

La importancia económica de la calle debió influir en que fuera dotada de empedrado desde fechas bastante tempranas. Ya en el siglo XVII se tiene constancia de algunos tramos embaldosados. La luz llegaría más tarde, en el año 1910. Carpinteros, sayales, fabricantes de paños de lana y jerga… la calle Feria ha ido mutando conforme han pasado los años.

En los siglos pasados existieron dos cruces en esta calle, la de Caravaca, la cual contaba con una hermandad, y que fue desmontada en 1839; y la de linos, en la calle de este nombre, de hierro forjado y grandes proporciones que fue instalada en 1649 sobre un cementerio improvisado con ocasión de la peste, y desmontada en 1839; en la actualidad se halla instalada en la fachada de Omnium Sanctorum.

La Amargura por la calle FeriaAdemás, hay que citar varios retablos desaparecidos, entre ellos, dos dedicados a la Concepción, uno de los cuales fue pintado al fresco, en el siglo XVI, por Agustín del Castillo; otro de la Trinidad, la Virgen y San José, y el de Animas en la fachada de la parroquia.

Edificado en el siglo XVIII, el Mercado de Abastos de la calle Feria es uno de los edificios de servicios más antiguos de Sevilla. También residen en esta vía la iglesia de Omnium Sanctorum, templo mudéjar del siglo XIII, en el que tienen su sede canónica las hermandades de Los Javieres y El Carmen Doloroso; la capilla de Monte-Sion, sede de la hermandad de su nombre, la iglesia de San Juan de la Palma, levantada sobre una antigua mezquita, es sede de la Hermandad de la Amargura; y el palacio de los marqueses de la Algaba, construido en el siglo XVI, está considerado uno de los mejores exponentes del arte mudéjar civil en la ciudad.

Aunque para arte, el de «el pasmo de Triana», Juan Belmonte, que en 1892 nació en la calle Feria.


Fuente: Ayuntamiento de Sevilla, ABC.

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